sábado, 30 de junio de 2007

Espejo del Mundo

Sé que nuestras vidas son, finalmente, mascaradas. No culpo a nadie por portar una máscara. ¿Cómo podría atreverme a tanto si esas máscaras protegen nuestros rostros del acre viento de la realidad?

Yo porto, como los que me conocen bien y los que han cruzado la débil capa de ilusiones que me proteje, una máscara de alegría. Una máscara sonriente, como la de la comedia en el teatro. La de Pierrot en la Commedia dell' Arte.

Pero, aunque esa alegría es genuina la gran mayoría del tiempo, muchas veces ha resultado una efectiva ilusión para alejar a todos de aquello que oculto.

Todos saben que, de alguna manera, puedo cruzar el velo de las apariencias (por lo menos, parcialmente). Eso es útil cuando quieres saber qué es lo que realmente te quieren decir. Pero también me llena de dolor que contínuamente dreno cuando encuentro cosas aborrecibles.

Las más aborrecibles las he hallado en aquello de lo que vivo. Como médico, he tenido que auxiliar a las personas en su dolor muchísimas veces. Eso no es problema, para algo entrené siete años.

El problema está en el momento en que tengo que hacer contacto con los enfermos para trabajarlos: Pequeñas partes de su dolor pasan a mí en ese segundo. El dolor físico no me amedrenta realmente, pero puedo sentir su dolor emocional. ¿Cómo podrían reaccionar, mis buenos lectores, si en las mareas de sus pensamientos se asomara el agua negra del dolor, la tristeza y el miedo de otras personas? Yo siento demasiada tristeza.

El dolor que cada cual siente es una experiencia familiar para mí. Como individuos, nuestra responsabilidad es purgarlo y ser felices. El dolor que otras personas causan con sus acciones es lo que, todo el tiempo, me hace dudar de si fue una buena idea elevar este juramento del más puro Amor a la Humanidad que tuve que elevar el Diciembre en que terminé mi entrenamiento.

Un día, por ejemplo, tuve en mis brazos a una niñita de doce años, bella como las propias sirenas, hija de un par de Testigos de Jehová. La niña sufría de una enfermedad conocida como anemia de células falciformes. En esta enfermedad, los glóbulos rojos tienen una forma de hoz, en vez de forma de moneda. En la forma de hoz su capacidad de transfporte de oxígeno es mínima, de modo que la persona queda todo el tiempo en un estado de postración contínua. Estas personas necesitan transfusiones de glóbulos rojos empaquetados para continuar con sus vidas. Los padres de la niña, sabían que el hacer esto les haría transgredir sus leyes. La niña quería vivir, pero los autores de sus días decidieron lo contrario. Las leyes nos atan a los médicos a ese respecto... ¡Mi pobre criatura falleció en cumplimiento de las leyes de un dios monstruoso al cual desafío con toda la ira que pueda reunir la naturaleza!! Si ese diosecillo de pacotilla me escucha, que se cuide, porque sus monstruosidades llegarán a un final abrupto en mis manos.

Despues de rugir y llorar por esa historia, que me llenó de odio absoluto y final contra las religiones en general, tuve que pasar una muy hermosa. Una mujer moría en mi sitio de trabajo por un CA de útero en fase terminal. Nunca recibió visitas más que de otra mujer, maravillosa esta, que la llenaba de amor y esperanza. Extrañado, llamé a los familiares que ella reportó en la historia clínica, los cuales nunca habían venido, pues debía decirles que todo había terminado. ¡Cual no sería mi sorpresa al oir a la familia expresarse de forma despreciable de mi moribunda! Después de colgar en sus hocicos, hablé con la otra dama para soltarle esa fea noticia. La pobre mujer lloró amargamente, pero su rostro adquirió luego una expresión de serenidad maravillosa. Siguió cuidando de la mujer hasta que el final llegó. Supe luego que la dama fue el amor de la vida de la otra dama y la única que estuvo a su lado desde que empezó la enfermedad. ¡Había hallado el resplandor de un amor verdadero en medio de la infamia, el dolor y la muerte!

He ahí una muestra de la tempestad de emociones que tengo que cruzar todos los días

2 comentarios:

Gatalia Jones! dijo...

Ahí está...

¿Te acuerdas por qué no me dediqué a eso de la medicina? Imagíname a mí en esos casos...

Al menos eres resistente (y compacto XD)

¡Cuídate mucho!

amethjali dijo...

Merchan usted sabe cual es mi posicion y me duele por unos insensatos locos que aun no han sacado su mentalidad de la edad media culpe de esto a mi Señor y al resto de la humanidad, ojo pelado. Y se que es duro, ese es el trabajo del medico y lo hecho, hecho esta.

Que la luz te ilumine en la agonia de la noche oscura y el amor renueve en ti lo prometido.